La voz humana es algo precioso, tiene el poder de llegar a lo mas hondo de nuestros corazones si el emisor sabe utilizarla correctamente, es capaz de alegrar a los que están destrozados emocionalmente y de destrozar emocionalmente a los que están alegres. Cuando me siento triste, al borde del precipicio de la más sordida soledad siempre busco a alguien para poder oir su voz, me alegra oir a la gente hablar de sus cosas, de sus preocupaciones o de sus no preocupaciones, no oir esa sensación de pesar en su voz me alivia y me hace sentir mejor.Ayer por la noche invité a unos amigos a cenar en casa, preparé una paella y unos esparragos trigueros a la plancha, compré una botella de alcohol y nos sentamos a la mesa a eso de las once, quizás un poco antes, hicimos una sobremesa increíble y memorable después de cenar, estuvimos hablando de muchas cosas, la mayoria muy interesantes, terminamos a eso de las dos, aunque yo me quedé solo haciendo un Karaoke tirado en el sofá, y hasta que no vacié la botella no me fuí a dormir.
Continuacion de la história, sigue del dia 22/07/08:
El resto de la mañana y la tarde pasaron más rápido de lo que se hubiese podido imaginar, al terminar de la escuela se fué a casa de su novia, vivia un poco lejos, pero tenia que contarle lo que le habia pasado sólo unas horas atrás a alguien. Ella ya se lo imaginaba desde hacia meses puesto que él le contaba con pelos y señales lo que pasaba en su casa. La tarde acabó rápidamente, casi precipitadamente cuando el claxón del coche de su madre sonó desde la calle, ya llegó el momento de iniciar una nueva vida, subió al coche, era un todo terreno blanco, no articularon palabra hasta llegar al nuevo destino, un piso centrico, al lado del cine, desde la ventana de la cocina podia verse la cartelera, era un piso grande, sin muebles, solo unos colchones que les servirian de cama los proximos dias, sórdido y frio. No pudieron dormir esa noche, ni él, ni su madre, pero el hermano menor durmió como si nada hubiera pasado. Al dia siguiente tampoco fue a la escuela, aunque esta vez no fue durante todo el dia. Fueron a comprar unos muebles con su madre mientras ella le contaba lo que sentia como si se tratara de algún amigo, pero no lo era, era su hijo, un adolescente de quinze años que no deberia haber escuchado nada de aquello. Y así pasó la primera semana, él haciendo recados como si de un adulto se tratara, tenia excusa para faltar a la escuela y nunca antes habia tenido tantas ganas de ir.
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